Lacera el alma tu ausencia bendita
y quema el pecho la luz de tu fuego
es un altar donde sufro y me entrego
a la memoria que suave me habita.
Se vuelve sombra la pena infinita,
silencio puro que busca tu ruego,
y en el vacío que abraza el sosiego,
dolor de verte, la paz resucita.
Sigue el perfume flotando en el viento,
bálsamo dulce de la lejanía,
sacro refugio para el pensamiento.
Cura la herida la noche ya fría,
y en el misterio de este sentimiento
tu falta es llama que enciende mi día.
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