Fue aquella tarde de junio,
con el cielo encapotado,
cuando las viejas raquetas
nuestros labios imitaron.
Tarde de frontón y juego,
tarde de sueños floridos,
donde el primer amor nace
sin temor al desafío.
Yo apenas catorce años,
tú ya dieciséis cumplidos;
la secundaria y la prepa
en un beso se reunieron.
Mas el tiempo no se para
y las aulas florecieron;
la universidad dispuso
que cambiáramos de rumbo.
Cada cual tomó su senda,
lejos de aquel viejo muro,
pero el alma no se olvida
de aquel amor tan maduro.

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