(Romance)
En el patio de la madre
un viejo tronco ha de estar,
con la piel hecha de arrugas
y memorias que contar.
Lleva escrito en su corteza
lo que el tiempo quiere hablar;
no doblaron su madera,
firme y noble en su lugar.
Es un nido de recuerdos
que el amor vio cobijar,
raíz que abraza la tierra
donde es dulce regresar.
Tal los brazos de mamá
quien amorosa nos guía,
en su refugio encontramos
la más dulce profecía.
Ese tronco es el testigo
de la entrega día a día,
de la mano que sostiene
con callada valentía.
No hay invierno que marchite
tanta luz y cercanía;
en su sombra vive el alma
cobijada de alegría.

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