martes, 7 de julio de 2026

EL PACTO DE LA MELENA Y EL VERSO.

 



 

​Dicen que el pelirrojo es el color del fuego, pero en mí es el reflejo de la tinta viva. No busques un romance de carne y hueso en mis ojos; mi idilio no se escribe con promesas humanas, sino con la urgencia de una página en blanco.

​Tengo el cabello indómito, abundante, alborotado por el viento de las ideas que me asaltan a mitad de la noche. Un caos perfecto que hace juego con mi mente, que nunca se apaga, que siempre busca más. Cada hebra encendida es un verso que se rehúsa a ser domesticado, una metáfora que prefiere el desorden de la tormenta antes que la quietud del olvido.

​Estoy irrevocablemente casada con las letras. Mi alianza es de papel, mi fidelidad pertenece a la métrica y mi mayor romance es el idilio constante del aprendizaje. No hay mayor fortuna que la de saberme eternamente alumna, descubriendo el mundo a través del filo de una pluma.

​Si me ves sonreír con la mirada perdida y el cabello revuelto, no le reclames al viento. Es la poesía, la única causante de mis desvelos, que acaba de pasar a mi lado y me ha despeinado el alma.

 

 


 

ROMANCE DE LA MELENA INDÓMITA.

 

​Se me alborota el cabello

como ráfaga encendida,

un oleaje de fuego

que con el viento camina.

No busques amor de carne

en el brillo de mi vista,

que yo fundé mi refugio

donde la letra habita.

​Estoy casada con versos,

con la página divina,

fiel amante del romance,

de la métrica cautiva.

Mi sonrisa tiene dueño:

la palabra que me inspira,

ese romance constante

del saber que nos da vida.

​Que me desvele la noche,

eterna y fiel aprendiz;

si el viento me ha despeinado,

la poesía me hace feliz.

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