Por los caminos del norte,
donde el progreso es eterno,
me abrió sus brazos Reynosa
con un cariño sincero.
Tierra de fuego y de industria,
de noble estirpe y empeño,
donde la vena petrolera
marcó el andar de mis viejos.
Llegué con alma de leyes,
buscando el rumbo del texto,
en las aulas del Atlántico
donde sembré mis desvelos.
La abogacía llamaba,
pero pudo más el viento
de la palabra encendida,
de la poesía y el verso.
Dejé la carrera trunca
por seguir un noble anhelo:
cambiar códigos y leyes
por el arte del ingenio.
¡Ay, mi Reynosa querida,
faro de mis trazos tiernos,
que arropaste con amor
a este corazón norteño!
Neolonesa de nacimiento,
pero tuya por derecho,
Tamaulipas me dio el nido,
el impulso y el respeto.
Hoy te canto agradecida,
tierra de mi antiguo sueño,
donde la Musa y Poeta
encontró su propio cielo.

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