Se me escapó de las manos
la niña de los abrazos,
la que llenaba de risas
el refugio de mi regazo.
Hoy miro a la adolescente
que camina paso a paso,
con quince inviernos floridos
y el futuro entre sus lazos.
Aún recuerdo aquellos días
bajo el cielo de Identity,
los inviernos de horizontes
en el suelo de Owatonna.
Con solo cinco añitos,
siendo una pequeña flor,
prestaba su voz de niña
como fiel traductora.
Era el puente de su madre,
era mi orgullo y mi guía;
toda la gente del pueblo
de sus dones sorprendía.
Hoy, la distancia y el tiempo
le dan paso a otra victoria,
ya cruza el mar su palabra
en rumbos de otra memoria.
Dejó en Baires su narrativa,
con el candor de sus manos,
donde los versos despiertan
en tintas de suelo hermano.
Extraño a la Naty tierna
de los juegos solitarios,
pero recibo orgullosa
su nuevo y dulce reinado.
Vuela alto, mi muchacha,
del romance fiel vasallo,
que el mundo aguarda tu prosa
y el brillo de tu legado.

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