(Romance)
Rimando estoy en tus brazos
nuestro venerable amor,
mientras el tiempo deshace
las sombras de su dolor.
Qué dulce se vuelve el verso
si lo dicta tu calor,
dibujando eternidades
en un lienzo de fulgor.
Somos la rima perfecta,
el latido y el clamor,
que va bordando la vida
con hilos de suave sol.
No hay noche que nos apague,
ni viento de desamor,
si me refugio en tu pecho
y tú eres mi protector.
Gracias, Alf, mi gran amor,
sin ti la vida es vacía,
eres el faro constante
que va guiando mis días.
Tus manos son mi refugio,
tu voz es mi melodía,
y en este abrazo de letras
nace la paz que hoy es mía.
Él es y será en mi vida
mi primer y último amor,
el principio de mi canto,
el destino de mi voz.
No hay distancia que nos borre,
ni horizonte sin su sol,
porque en su pecho resido
y en sus brazos soy quien soy.
Amo de ti no tu cuerpo,
tu alma pura y tu bondad,
ese brillo que no cambia
y que me entrega la paz.
Me enamora tu hondo río,
tu noble y clara verdad,
el refugio de tus ojos
donde habita mi heredad.
Si no esta vida o la otra
nos brinde la eternidad,
sé que más allá del tiempo
nuestro lazo vivirá.
Porque un amor de esta fuerza,
hecho de luz y verdad,
no se acaba con la muerte:
se vuelve inmortalidad.

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