(Octavas reales)
No es el metal ni el pozo que perfora
la mano del humano en su ambición,
lo que estremece el suelo en mala hora
ni despierta del monstruo el corazón.
La hipótesis que el vulgo atiza y llora
carece de sustento y de razón;
el crudo que se extrae en la llanura
no altera de las placas la estructura.
Del Caribe la placa se desplaza,
chocando con el sur de este hemisferio;
la roca que se frotan y rechaza
acumula energía en el misterio.
Boconó, San Sebastián se abraza
al Pilar en su trágico imperio;
son fallas que en la sombra, milenarias,
liberan fuerzas vivas, planetarias.
El hombre solo toca la corteza,
un rasguño en la piel más superficial;
el sismo nace abajo, con fiereza,
a leguas del asfalto y del metal.
No culpes al petróleo de la alteza
de un golpe que es tectónico y ancestral;
la Tierra cruje viva, no inducida,
siguiendo su mecánica esculpida.
Imagen Google

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