Es este amor tan tardío
un capricho del destino,
que se ha aferrado a amar tanto
acaso a un imposible.
Tal vez la larga soledad
influya en nuestra historia,
o tal vez sea este fuego
que en el invierno nos toca.
Llegaste cuando las hojas
ya caían por el suelo,
con el reloj de la vida
marcando los frentes fríos.
¿Dónde estabas por la mañana,
cuando el sol claro nacía?
¿Por qué has venido a buscarme
cuando la tarde declina?
No es un amor de promesas,
de primaveras floridas,
es el calor del refugio
que cura viejas heridas.
Tiene el sabor de lo eterno,
la calma que da el abismo,
y aunque llegó a contramano,
yo le bendigo el camino.
Que digan que ya es muy tarde,
que el tiempo cerró las puertas,
que el amor no reconoce
las almas que andan despiertas.
Si es imposible o locura,
que el viento juzgue el olvido,
que a mí me basta tu mano
para sentirme bendecido.

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