(Romance)
Por los caminos de España,
donde el recuerdo se aviva,
va mi alma desandando
las huellas de la partida.
Crucé los cielos de Madrid,
su luz de piedra y de espinas,
mas fue el amor madrileño
el que cambió mi destino.
Aquel idilio de fuego,
que el corazón no escatima,
lo vine a hallar en Valencia,
entre el azahar y la brisa.
Pasé por Zaragoza luego,
vi de la Rioja sus viñas,
y en la vieja Calahorra
dejé la fe suspendida.
Busqué la historia en Logroño,
Élite y su piedra altiva,
y en su calle de las tapas
vi la noche compartida.
Doblé el paso por Pamplona,
tierra de fuerza y de vida,
y el Valle de Dinosaurios
me dio su huella antigua.
Mas fue en el Barrio de Letras,
de ese Madrid que fascina,
donde encontré mi reflejo,
mi propia voz encendida.
Me vine con la promesa,
que es juramento y es guía:
he de volver a tus sendas,
Barcelona prometida.
Y guardo el mayor tesoro
que el propio viaje me dio:
un hermoso madrileño,
que en Valencia radicado,
me entregó su corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario