A los poetas del mundo,
hoy les dedico mi rezo,
a los que bordan el alma
con la tinta del ensueño.
Bien sabemos que este oficio
no da monedas ni premios,
que no se pagan las coplas
con el oro de este tiempo.
Pero alegremos la vida
de los que nos leen lejos,
que una palabra encendida
vale más que mil imperios.
Gran legado van dejando
a los hombres venideros,
sembrando luz en el alma
y abriendo nuevos senderos.
Como hermanos caminamos
por el cariño sincero;
¡gracias, poetas del mundo,
felicito su desvelo!
Aunque nos llamen locos
que van regalando el tiempo,
es que ellos desconocen
la dicha que va por dentro.
Que cante la estrofa libre,
sin mirar el monedero,
que, si no deja ganancia,
deja un soplo de consuelo.

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