Es agotador dar lo mejor de uno mismo, cuidar, ofrecer
calidez y, a cambio, encontrarse con la indiferencia, la falta de valoración o,
peor aún, con el abuso de esa generosidad.
No es renunciar a la
luz que te habita
ni congelar el latido
en el pecho
es levantar un
baluarte derecho
donde el abuso jamás
se permita.
La calidez de tu
alma bendita
no ha de ser suelo
que pisen deshecho
basta de dar el
cuidado y el techo
a quien tu entrega
constante marchita.
Hay que aprender a
templar el acero
poner cerrojo,
frontera y distancia
siendo tú misma tu
bien verdadero.
Que tu ternura
conserve su estancia,
pero guardada en el
fuerte severo
de tu amor propio y
tu enorme prestancia.
Imagen Google
@copyrigth

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