(Octava real)
Se quiebra al fin el pacto del desvelo,
asumo la verdad, rompo el quebranto,
ya no pretendo sostener tu cielo
ni alimentar con lágrimas mi canto.
Voló la venda en su maldito vuelo,
cesó la terca fe de amar a un santo;
que no se puede construir un nido
donde el retorno siempre fue el olvido.
Camino firme sobre la certeza,
recojo las cenizas del pasado,
corono con orgullo mi nobleza
dejando atrás el tiempo malgastado.
No habrá mendicidad en mi grandeza
ni un ruego más por lo que no fue dado;
renazco en la pureza de mi abrigo
y el rumbo de mi destino bendigo.
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