Soneto
Del suelo amurallado de la historia
surge tu estampa firme y soberana
sembrando en la conciencia mexicana
el fuego inmarcesible de tu gloria.
Tu grito de justicia y de victoria
rompió la vieja y cruel cadena humana,
dejando en cada surco una mañana
que vive para siempre en la memoria.
Hoy duele ver el campo tan desierto
sufriendo el abandono del olvido
sin manos que mitiguen su tristeza.
El sueño del labriego sigue muerto,
lo que por libertad habías pedido,
hoy languidece ante tanta pobreza.

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