Negar este amor no puedo,
si ante Dios juré mi tiempo,
que tú serías mi vida,
nuestro amor un sacramento.
Ambos sabemos, mi vida,
que nos pertenece el cielo,
nuestras almas fusionadas
en un perpetuo secreto.
Este secreto tan puro
solo lo conoce el viento,
y la noche, murmurando,
va compartiendo el silencio.
Que dos almas tan norteñas,
enlazadas por el tiempo,
con la fe del amor puro
van cantando en el silencio.
Y hasta el ancho mar suspira
cuando pensativa me oye,
porque sabe que tú habitas
en mi mente para siempre.
Tus verdes ojos de hechizo
lo gritan al universo,
mientras yo toda mi entrega
voy dejando en estos versos.

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