jueves, 11 de abril de 2024

DE AMOR VESTIDA.




 

Ha vagado entre luces del olvido

manojos de quimeras de algún sueño

que ya escondidas bajo adusto ceño

de insidia lisonjera fue vestido.

Navegó en su último latido

tal como ave que herida en el costado

elevando las alas que ha varado

encontró su pasado y hoy se eleva

Y nuevamente al anhelo subleva

late su corazón ilusionado.

 

Late su corazón ilusionado

como antaño, hoy viste de primavera

su cómplice y amiga la lumbrera

desde lo alto la mira con agrado.

Y un lucero del cielo le ha bajado

con un pacto que entrega y consolida

sanando con ello la vieja herida

bajo el manto de un cielo destellante.

Vuelve a cantar la vidriera, triunfante

orgullosa de amor sigue vestida.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

EN LA COLINA ME ACORDÉ-

 


                                                                                



 

Divago en el sendero que es la vida

recuerdo nuestra tarde en Coyoacán

la dicha asomaba tras del volcán

de siestas consumadas que vestidas.

A alucinaciones iban asidas

fue en la colina donde recordé

el día que tu nombre veneré

tatuándolo en mis labios y mi amén.

Me ataviaste de flores de belén

desde entonces mi amor a ti confié.

 

Desde entonces mi amor a ti confié

pues no es fácil en esta vida encontrar

alguien que en vedad te sepa valorar

por eso en mi alma te gravé.

Y de mi dicha de amor te culpé

ahora el cofre del recuerdo avivo

de vagar en la alusión no me privo

merecido lo tengo como premio.

Por amar a tu corazón bohemio

pues eres de mi vida el gran motivo.

 

 

 

 

 


viernes, 29 de marzo de 2024

DULCES SONATAS.

 









Dueto Literario.

(Décimas endecasílabas)

 

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

En tu delicadeza nace un trino

en ramas de tu voz las aves cantan

del bosque de tus ojos se levantan

bandadas de suspiros del camino.

La noche sirve copas de buen vino

para decir salud a las estrellas

y la luna se guarda las botellas

para invitarle al sol el nuevo día.

Qué bonita la aurora y su alegría

cuando se abren tus ojos en aquellas.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Cuando se abren tus ojos en aquellas

divinas escarchas de medialunas

se tienden a placer bajo las dunas

y besando las noches hondas huellas

ya visiten de alegría a las doncellas

que titilan de lo alto del celeste

de Norte a Sur cayendo en el Sureste

bañando con su destellante encanto

Al sereno azul argentado manto

todo camino, hasta la greda agreste.

 

Antonio escobar Mendivez.

 

Todo camino, hasta la greda agreste

florece como eterna primavera

y también se regodea la obrera

aunque el famélico frío proteste.

Y el viento huracanado se moleste

Y disfrutando de las bellasombras

acechando ven como al verde nombras

en brindis el astro dicharachero.

Le canta armonioso al cansado enero

sonatas infinitas con alfombras.

 

Antonio Escobar Mendivez.

 

Sonatas infinitas con alfombras

de ternura insondable donde un nido

repica sus aromas en tu oído

y deja el eco dulce que tú nombras.

Tus ojos no permiten que las sombras

paseen por el bosque de tu risa

y se embarque en la barca de la brisa

a navegar miradas de claveles.

En la mar de tu voz los cascabeles

tienen rumor de brasas y ceniza.

 

miércoles, 27 de marzo de 2024

NAVÍO DE LA ESPERANZA.

 



Décimas endecasílabas.

(Dueto literario)

 

Ma. Gloria Carreón Zapata. (México)

Autores: Antonio Escobar Mendivez. (Perú)

 

Ma. Gloria Carreón Zapata

 

Asoma la mañana esplendorosa

perfumando va el campo y la campiña

que en mi intelecto gozoso se apiña

comparándolo a perfumada rosa.

Y mi ánima lo arrulla gozosa

melodiosas cantan alegres las aves

que nadando entre los deslaves

dan la bienvenida a la primavera.

Que en un mexicano navío navega

entonando nuestro himno en tonos suaves.

 

Antonio Escobar Mendívez

 

“Asoma la mañana esplendorosa”

con delantal de luna es una niña

las horas con amor la luz le ciña

y a su rostro el aroma la hace hermosa.

Con vestido de pétalos, airosa

camina y con su voz las notas claves

parece van al cielo y con las llaves

de su belleza mata las quimeras.

En mi patria peruana en sus riberas

“entonando nuestro himno en tonos suaves”.

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

Entonando nuestro himno en tonos suaves

besa en isla Bagdad la caracola

quien llega y va surfeando en una ola

le entrega del océano las llaves.

Para que tú, buen hermano te grabes

que existe eternamente el resplandor

donado al hombre por el Creador

grabó en tu corazón esperanza.

De un mañana que al destello se afianza

chispeante aurora de luz, amor.

 

Antonio Escobar Mendívez

 

“Chispeante aurora de luz, amor”

indescifrable con sus rayos de oro,

con esa transparencia yo decoro

el paisaje total y su esplendor.

Si ingresa a mi jardín con su fulgor

las margaritas cantan las baladas

con su romanticismo van aladas

en medio de su dulce corazón.

Mañanita traviesa mi canción

en tus horas de luz quedan atadas.



Imagen de Google

NAVÍO DE LA ESPERANZA

 




 

Asoma la mañana esplendorosa

perfumando va el campo y la campiña

que en mi intelecto gozoso se apiña

comparándolo a perfumada rosa.

Y mi ánima lo arrulla gozosa

melodiosas cantan alegres las aves

que nadando entre los deslaves

dan la bienvenida a la primavera.

Que en un mexicano navío navega

 entonando nuestro himno en tonos suaves.

 

Entonando nuestro himno en tonos suaves

besa en isla Bagdad la caracola

quien llega y va surfeando en una ola

le entrega del océano las llaves.

Para que tú, buen hermano te grabes

que existe eternamente el resplandor

donado al hombre por el Creador

grabó en tu corazón esperanza.

De un mañana que al destello se afianza

chispeante aurora de luz, amor.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

 

 

 

CORAZÓN CONTENTO.

 


 

Siento que voy de tu brazo

sintiendo el tibio calor

mi querido y gran señor

aliento que no remplazo.

Recargada en tu regazo

escucho las poesías

en tanto al lecho me guías

para cubrirme de besos.

Así en mis labios traviesos

sé que amor me escribirías.

 

Sé que amor me escribirías

en mi espalda y suave vientre

rogando que me concentre

en tus caricias bravías.

Mientras en mí te perdías

navegando en mi aposento

disfrutando del momento

que la vida nos regala.

Instantes de dicha y gala

dulce corazón contento.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

¡TAMPSJAG!

 

viernes, 22 de marzo de 2024

CONTRA VIENTO Y MAREA.

 





 

Tu sonrisa yo atesoro

cuando fijo tú me miras

y por mis besos deliras

es por eso que te adoro.

Vales mucho más que el oro

tu nobleza y tu lealtad

me brindan felicidad

eres mi más grande sueño.

De este amor eres el dueño

no es ninguna novedad.

 

No es ninguna novedad

este interminable amor

nos brinda el dulce sabor

de la perenne bondad.

Porque a fuerza y voluntad

va contra viento y marea

y en el mismo se recrean

superando inconvenientes

nuestros sentires silentes

de dicha se regodean.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

 

 

 

miércoles, 20 de marzo de 2024

ODA EN DÉCIMAS AL AJO

 








 

Sin ti todo es desabrido

cabeza del ingrediente

de todo sensible diente

y del hombre bien nacido.

Rey de la cocina has sido

un potente antioxidante

de salsas eres amante

el terror de los resfriados

Catarros muy mal cuidados

antibiótico brillante.

 

Antibiótico brillante

requerido en la cocina

para el caldo de gallina

de todo chef buen amante.

No existe quien te suplante

en sopas adobos moles

frijoles y hasta pozoles

de arte culinario dueño.

Del buen recetario ensueño

¡al virus le metes goles!

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright

 

domingo, 17 de marzo de 2024

LA MARCA DEL CUMPLEAÑOS







Era el cumpleaños de Isabella, la mujer que aún consideraba su mejor amiga. Solo la idea de ir a esa casa le erizaba el vello. Tania no entendía el rechazo instintivo que sentía; la casa respiraba una hostilidad sorda, un aire tan denso y amenazador que la hacía estremecer. No obstante, pensó Tania, faltar al aniversario de Isabella sería una grosería imperdonable.

​Esa tarde, desafiando su presentimiento ineludible, se puso su vestido favorito: un terciopelo color verde pistache. Era pleno otoño y el fresco ya se colaba con la caída del sol.

​Su amiga, Diana, alegre, intrépida y sagaz, era el polo opuesto de Tania, y la única que la animó a asistir. Le prometió pasar a buscarla, pues la idea de llegar sola al festejo le provocaba un pánico paralizante.

​De pronto, un claxon resonó afuera, seguido por el sonido insistente de su celular. Ignorándolo, se dirigió a la puerta. No quería hacer esperar a Diana.

​Al entrar en el coche, Diana le dedicó una sonrisa afable, pero la miró fijamente a los ojos, con una punzada de seriedad.

​—Sé lo que te pasa —dijo, sin rodeos—. Pero, ¿no podrías disimular un poco? Es su cumpleaños y te confieso que me sucede lo mismo. ¿Acaso crees que voy feliz?

​Tania la miró, sorprendida por la franqueza, pero aliviada de no ser la única.

​—No te lo quise comentar nunca para no alarmarte, pero me pasa exactamente lo que a ti. Además, me he dado cuenta de cómo nos mira Isabella. Esa mirada inexpresiva, fría, refleja un profundo odio y envidia. Más bien, hacia la vida misma —concluyó Diana, con un suspiro.

​—Mira —respondió Tania, reacia—. No sé qué puede envidiarnos. Ella vive mejor que nosotras. No te expreses así de Isabella, sé que tiene su carácter, pero en el fondo nos quiere. Somos sus únicas amigas.

​Diana soltó una risa seca. —Desde luego, en el fondo, muy en el fondo. ¿Y cómo no habríamos de serlo? Si todas huyen de ella. Tal vez por eso nos tolera.

​Tania se quedó en silencio. No quería discutir, aunque en el fondo, una parte helada de su ser le daba la razón a Diana. El comportamiento de Isabella con ambas era, a veces, profundamente extraño.


​La Llegada a la Mansión.


​Finalmente, llegaron a la casa. Diana abrió la cajuela para sacar los regalos. Al cruzar el umbral del recibidor, un escalofrío de pies a cabeza recorrió a Tania.

​El aire. Ese peculiar olor a moho viejo y podredumbre le causaba náuseas. Se respiraba una especie de muerte en el ambiente, y a pesar de no ser aún invierno, el frío que la penetraba le helaba hasta la sangre. La casa, aunque decorada con la elegancia tétrica de muebles antiguos y carísimos estilo barroco, adquiridos en Texas, seguía siendo un lugar opresivo. Diana y Tania se habían preguntado a menudo de dónde sacaban Isabella y su marido el dinero para semejante ostentación, pues él era un profesionista con un sueldo respetable, pero insuficiente para ese tren de vida.

​En la antesala se alzaba una gran consola de espejo barroco, con chapa de oro y tapa de mármol. A ambos lados del sillón, dos elegantes lámparas hacían juego con los candiles de cristal cortado que colgaban del techo. De pronto, algo que asomaba por debajo del sillón llamó la atención de Tania.

​Se encaminó hacia allí, pero una mano suave y firme le apretó el brazo derecho, deteniéndola. Era Isabella, mirándola con una sonrisa irónica y, a la vez, triunfal. Su mirada era fría y calculadora.

​—¡Bienvenidas, amigas queridas! —dijo en voz alta.

​Luego, acercándose a Tania para que Diana no escuchara, le dio un beso en la mejilla, susurrándole al oído:

​—Luego te cuento —.

​Pasaron al gran salón donde se encontraban los demás invitados, en su mayoría, la familia del esposo. Al atravesar el lúgubre y largo corredor, pintado de un verde pino profundo, divisaron al final un tenebroso espejo antiguo de marco dorado, silencioso testigo que parecía guardar el misterio de esa casa.


​El Secreto Susurrando.


​Después de un rato de convivencia forzada, Tania sintió un profundo sopor que la envolvía, seguido de un mareo. Diana se aproximó rápidamente.

​—Sácame de aquí, amiga. No me siento bien —le suplicó Tania.

​Isabella, que no había dejado de observarlas desde lejos, se acercó de inmediato para preguntar qué sucedía. Tania aprovechó el momento para despedirse.

​—No he dormido bien por la tarea de mi último semestre —se excusó—, por eso me siento mal.

​—Vamos —dijo Diana—. Te dejo y me voy a casa. Es tarde, y con lo que se vive en la ciudad, tengo miedo de regresar tan tarde.

​—¡No! —respondió Isabella con demasiada vehemencia—. ¡De ninguna manera! Quédate, por favor, otro rato, Diana. Yo voy y dejo a Tania en su casa.

​—Tiene razón, Isabella, quédate a acompañarla —intervino Tania, sintiendo una urgencia irracional por irse—. Discúlpenme, pero no me pasa nada grave, saben que no estoy acostumbrada a salir de casa y será por eso que me siento así —añadió, excusándose de nuevo.

​Tania se puso de pie, seguida por Isabella, y se dirigieron hacia la salida, no sin antes despedirse de los invitados. Al pasar de nuevo por el sillón de la antesala, Tania guio a Isabella hasta allí para mostrarle lo que había llamado su atención.

​Diana observó, sintiendo que una revelación terrible estaba por ocurrir. El rostro de Isabella se endureció con una sonrisa sarcástica y endemoniada.

​—¿Sabes lo qué es esto, amiga? —preguntó Isabella, con la mirada clavada en Tania.

​Tania solo atinó a negar con la cabeza.

​—Bien, te lo diré. Llevamos años haciendo este ritual —su voz se redujo a un escalofriante murmullo—. Es una maceta. El cráneo humano que ves es regado con sangre. Es para la protección de mi familia. Pertenecemos a una secta. Nuestro dios es Belcebú, y a él está dedicado este ritual.

​Por un instante, Isabella la miró fijamente a los ojos, sin dejar de sonreír, como poseída por algo maléfico. Tania sintió una ráfaga de frío que invadió su cuerpo por completo. La mordaz mirada de su amiga era una amenaza. Ahora lo comprendía todo: el rechazo, el pánico, la hostilidad que emanaba de Isabella y de esa casa maléfica.


​La Huida y la Marca.


​Isabella dio un paso hacia ella. La sonrisa se había transformado en una mueca de triunfo sádico.

​—Diana se queda. Una de ustedes debe acompañarme, tarde o temprano.

​Tania sintió que el mareo regresaba, pero esta vez no era por cansancio; era el instinto de supervivencia que gritaba. Su mente se enfocó en una única orden: Huir.

​Sin pensar, se dio la vuelta y echó a correr hacia la puerta principal. Escuchó la voz gélida de Isabella a sus espaldas, que ahora sonaba como un rugido contenido:

​—¡No te atrevas a irte, Tania! ¡Aún no hemos terminado!

​Tania no se detuvo a mirar atrás. Corrió por el largo corredor verde pino, sintiendo el aire espeso y frío pegarse a su piel. Al pasar por el salón, vio a Diana. Estaba de pie junto a un candelabro, inmóvil, mirando fijamente a un punto indefinido. Su rostro, generalmente vivaz, estaba pálido y sin expresión, como si una parte de ella ya se hubiera rendido a la oscuridad de la casa.

​—¡Diana, vámonos! —gritó Tania con la voz rasgada por el miedo.

​Diana no reaccionó. Isabella apareció en la entrada del salón, bloqueando el camino hacia su amiga.

​Tania se lanzó contra la puerta principal. La abrió de un golpe, escuchando el crujido de la madera antigua. Salió corriendo hacia la calle, sin buscar su coche, sin preocuparse por el terciopelo de su vestido. Solo corría, sintiendo la mirada de Isabella quemándole la espalda como una maldición.

​Cuando llegó a la esquina, se atrevió a mirar hacia atrás. La casa de Isabella se erguía oscura y señorial, sus ventanas vacías como ojos muertos. El miedo se asentó en su estómago con una certeza gélida: Diana no saldría esta noche.

​Tania se desplomó contra un muro, jadeando. Había escapado de la casa, pero no de la secta. Mientras recuperaba el aliento, sintió un picor agudo en su mano derecha, la misma que Isabella había sujetado al inicio. Al bajar la mirada, notó que no era una simple marca de presión.

​En la piel de su muñeca, una pequeña y fina línea de sangre había dibujado la silueta de un pentagrama invertido. La había marcado, discretamente, durante el falso abrazo de bienvenida.

​Tania se levantó, temblando. Sabía que la casa de Isabella no era el final. Era solo el principio de una pesadilla que la seguiría hasta que cumpliera el ritual. Su huida había terminado; la cacería de Belcebú acababa de comenzar.

 



 

 

Ma. Gloria Carreón Zapata.

@copyright.

Imagen de Google.

17 Marzo 2024.


 

 



 

NUEVAS ROSAS.

 





 

No tiene caso, ya no tiene caso

luchar por lo que nunca se ha tenido

por lo que el tiempo dejó en el olvido

pintó de gris el luminoso ocaso.

Hoy lo gritan las letras del parnaso

Hacen mención de una triste vereda

de un vestigio olvidado en la arboleda

donde el canto de las aves lamentan

Ese ayer perdido al viento le cuentan

que huellas no quedaron bajo la greda.

 

Que huellas no quedaron bajo la greda

solo un puñal que señala al culpable

indigno del amor, cruel insaciable

quien mancilló un dulce sueño de seda.

Arrastrándolo en suelta polvareda

hoy brotan ya nuevas fragantes rosas

derriban del alma pesadas losas

enterrando un artrítico pasado.

Que por las aves chuelas fue velado

y hoy me han brindado cantigas hermosas.

 

Autora: Ma. Gloria Carreón Zapata.

© (Copyright)

 

 

lunes, 11 de marzo de 2024

ASI ES NUESTRO AMOR.

 

                                                                           




 

Perpetuo es el inmenso firmamento

como inmortal es la greda que pisas

así mismo la lluvia con sus brisas

inagotable amor que por ti siento.

Para el espíritu es un dulce ungüento

aunque mi mente se niega a aceptarlo

más el corazón se empeñe en negarlo

y el sentimiento revista de olvido.

 Atrapados nos tiene ya cupido

y es imposible del alma sacarlo.

 

Y es imposible del alma sacarlo

cuando diariamente lo ulula el viento

notifica a las aves lo que siento

 en trinos acostumbran informarlo.

 El cenzontle en su gorjeo versarlo

Porque este puro amor, inmarcesible

ha superado todo lo indecible

así mismo al de Romeo y Julieta.

Bendecido también por el profeta

inmortal es nuestro amor, ¡Increíble!

 

 


DIÁLOGO DE PLUMAS

  Acepto, pues, la propuesta, que el camino se hace ameno si el verso nos trae el pleno de una abierta y franca fiesta. La palab...