Soneto
El duende por tu voz se hizo garganta
entre lunas de verde y de metal
y en el cauce de un río de cristal
tu verso de clavel se nos levanta.
Granada bajo el frío se amamanta
del eco de un romance atemporal
donde el viento, jinete del rosal
tu nombre con el alma siempre canta.
Es tu voz un eterno y dulce nido
que al poeta regala su esperanza
en el verso que nunca se ha rendido.
Es el pulso que queda en la añoranza
en el tiempo que el hombre ha mantenido
donde el hombre se rinde en su alabanza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario