jueves, 26 de marzo de 2026

EL CABALLERO DE LA ARMADURA RUIDOSA

 




 


 

Había una vez un caballero llamado Don Pompeyo, que estaba convencido de que era el más valiente del reino. El problema era que su armadura era tan vieja que, con cada paso que daba, hacía un ruido espantoso: ¡Clanc, chicharrón, ploc!. No podía acechar a ningún villano porque todos lo oían venir desde el pueblo vecino.

​Un día, Don Pompeyo anunció:

— ¡Iré a rescatar el tesoro del Reino de la Verdad, custodiado por el temible Dragón Sincero!

​Cuando llegó a la cueva, el dragón lo miró de arriba abajo y, en lugar de lanzar fuego, se tapó los oídos.

— ¡Por favor, Pompeyo! —gritó el dragón— ¿Podrías dejar de hacer ese ruido de cacerolas viejas? Me vas a dar migraña.

​Don Pompeyo, infló el pecho y mintió:

— ¡Es el sonido de mis mil victorias!

​El dragón suspiró y le puso un espejo delante.

— Mira bien, Pompeyo. Si admites que tu armadura está oxidada porque prefieres gastar el oro en pasteles de crema en vez de aceite para metal, te daré el tesoro. Pero si sigues mintiendo, tendré que usar mi fuego... para cocinarte un huevo frito en ese casco.

​Don Pompeyo miró su reflejo, vio una mancha de mermelada en su guante y soltó una carcajada.

— Está bien, tienes razón. Soy el caballero más goloso y descuidado del mundo. ¡Y mi armadura suena como un carrito de supermercado roto!

​En ese instante, la cueva brilló. El "tesoro" no eran monedas de oro, sino una armadura nueva, ligera y silenciosa. El dragón le explicó:

— La verdad pesa menos que la mentira, Pompeyo. Ahora puedes ir a buscar aventuras sin parecer una orquesta de chatarra.

​"La verdad nos hace más ligeros; admitir nuestras faltas con una sonrisa es el primer paso para dejar de hacer ruido y empezar a brillar."

 

 

 

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