(Décima octosílabas)
Julián miraba el estante
con un gesto de desdén,
decía: "no leo bien
ni me parece importante".
Pero un libro fascinante
su abuelo le regaló,
y cuando el niño lo abrió
sintió un trueno de papel,
un mundo dulce tal miel
en su mente despertó.
Ya no busca la pantalla
ni el ruido del aparato,
prefiere pasar el rato
donde la letra no falla.
En su pecho una batalla
de dragones y de mares,
recorre los mil lugares
sin moverse de su silla,
pues leer es la semilla
mundos espectaculares.
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