lunes, 30 de marzo de 2026

EL GUARDIAN DE LAS ESTRELLAS Y LA SAL.

 




(Prosa Poética)

 

 

​La carta náutica se despliega como el sudario de un mundo por descubrir, una tela curtida por el tiempo y las historias sin contar. En ella, los continentes son sombras que se dibujan entre la duda y la certeza, pero sobre todo, el mar es un abismo que exige un punto de referencia. Y allí, en el cruce exacto de las latitudes del alma y las longitudes de la paciencia, se alza el faro.

​No es solo piedra y luz; es la voluntad de un mundo que se niega a perderse. Sus cimientos, grabados en la roca viva y batidos por la espuma que ruge como un monstruo herido, son la base de un pacto con el absoluto. El faro es un ancla para los navegantes y un templo para los que se han perdido. En su cima, el cristal se enciende, y esa luz no es más que el reflejo de la esperanza, un ojo que vigila el caos del océano con una constancia que avergüenza a la noche.

​El compás se posa como una reliquia en el rincón del mapa, recordándonos que el destino es una línea recta que, paradójicamente, solo se puede trazar con fe y un cálculo preciso. El faro es ese cálculo hecho materia. No te dice dónde vas, sino que te dice que estás aquí, que no eres una brizna a la deriva, que el norte aún existe.

​A veces, la mayor aventura no es el viaje hacia lo desconocido, sino el viaje hacia el punto donde la luz te encuentra, donde la sal marca tu rostro y la estrella que alumbra la noche es el único faro que te guía.



Imagen de Google

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL GUÍA DE LOS MARES.

  (Rima Octava real) ​ ​Domina el capitán la cresta fría, su mano es firme, el pulso no vacila, conoce el mapa que la mar traía ...