Víctor Hugo, y Julio
Verne.
Mi camino en las letras comenzó
con la mirada asombrada de una niña de cinco años, descubriendo en Julio Verne
los mapas de lo imposible; un viaje de máquinas prodigiosas y abismos marinos
que ensancharon mi imaginación. Sin embargo, fue a los catorce años cuando
Victor Hugo y sus Miserables transformaron ese asombro en sensibilidad, dándome
la brújula de la compasión y la justicia.
Esos poemas son en tributo a esos dos faros
que, desde mi infancia y adolescencia, marcaron para siempre el pulso de mi
propia escritura.
SONETO A VÍCTOR HUGO.
Al bardo de la luz, al gran gigante
que supo en el papel forjar la vida
le entrego hoy la estrofa agradecida
con pulso firme y alma de diamante.
Su pluma fue un timón en el levante
una llama en la noche más perdida
la herida que por fin fue redimida
tras el cristal de un verso
resonante.
No muere quien del pueblo fue
conciencia
quien hizo del amor su propia ley
y al tiempo le arrancó su
quintaesencia.
Al genio que hoy corona nuestra grey
le rinde el alma entera su obediencia
bajo el amparo fiel de aquel gran
rey.
AL CAPITÁN DE LA IMAGINACIÓN
A Julio Verne.
Aquella niña de apenas cinco años
viajó por mundos de cristal y arena
rompió del tiempo la pesada cadena
y cruzó los umbrales más extraños.
Bajo los mares, lejos de los daños
la voluntad de acero ruge llena
un Nautilus que el abismo enajena
venciendo del olvido los peldaños.
Del centro de la tierra hasta la
luna
trazaste con tu pluma el recorrido
que fue de mis asombros la fortuna.
Tu herencia en mi memoria se ha
quedado,
pues nada de lo visto se ha perdido
en el viaje que juntos hemos ido.
@copyright.
Imagen de Google.


No hay comentarios:
Publicar un comentario