Soneto
Detén el paso, o escucha, caminante
que no es de locos este dulce estruendo
sino el lenguaje que, entre amor y estruendo
mantiene el alma firme y vigilante.
No hay gigante ni sierpe tan gigante
que venza al verso que se va tejiendo
pues mientras otros duermen, yo comprendo
que el poeta es un sabio e itinerante.
La pluma es mi celada y mi destino
el rimo es el galope de mi herida
buscando en lo ideal lo más divino.
Porque en esta batalla tan reñida
quien no honra la estrofa en su camino
no es digno de seguir nuestro destino.
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