Prosa poética.
Bajo el palio de una noche de primavera, la atmósfera se
vuelve liviana, impregnada del aroma de los azahares que despiertan con el
sereno. En lo alto, la Luna se asoma con una elegancia pálida, ataviada en
finas capas de tul hechas de nubes errantes, mientras parece cepillar su larga
cabellera de plata sobre el terciopelo del cielo.
Se mueve con una cadencia lenta, casi impaciente, ansiosa
por el roce del nuevo amanecer. En su pecho late un anhelo antiguo; está
perdidamente enamorada del astro rey, ese gigante de fuego que habita en la
otra orilla del tiempo. En el silencio de la madrugada, ella se sueña ceñida en
sus brazos dorados, anhelando ese instante fugaz del eclipse o el crepúsculo,
donde las sombras se rinden y el frío de la noche se disuelve en un abrazo de
luz eterna.
ENCUENTRO CELESTE
La Luna se despoja
de su vuelo
peinando su melena de
cristal
mientras aguarda el
brillo de su anhelo.
Ansiosa de un abrazo
celestial
se sueña entre sus
brazos, por fin unido
al astro que la
envuelve en luz vital.
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