domingo, 22 de marzo de 2026

EL LECHO DE PROCUSTO

 




Soneto

 

​En su morada de impiedad y hierro

el vil gigante al caminante espera

no ofrece paz ni hospitalidad sincera

solo el rigor de un absoluto encierro.

 

​Si el cuerpo sobra, con su acero infame

corta el orgullo de quien sea alto

y si es pequeño, con cruel asalto

estira el hueso hasta que el alma clame.

 

​Quiere el tirano, en su soberbia vana

que todo ajuste a su medida estrecha

buscando el eco de la voz humana.

 

​Maldito aquel que la razón desecha

pues con su ley que la injusticia allana

nos deja el corazón con una brecha.

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