Soneto
En su morada de impiedad y hierro
el vil gigante al caminante espera
no ofrece paz ni hospitalidad sincera
solo el rigor de un absoluto encierro.
Si el cuerpo sobra, con su acero infame
corta el orgullo de quien sea alto
y si es pequeño, con cruel asalto
estira el hueso hasta que el alma clame.
Quiere el tirano, en su soberbia vana
que todo ajuste a su medida estrecha
buscando el eco de la voz humana.
Maldito aquel que la razón desecha
pues con su ley que la injusticia allana
nos deja el corazón con una brecha.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario