EL CORAZÓN DE LA FIESTA
Dejó Madrid por ver la luz del día
bañando las fachadas de Valencia,
y halló en la pólvora su propia esencia
y en el casal, su nueva compañía.
Le gusta caminar por la ciudad,
buscando el ángulo de la escultura,
retratando con arte la figura
que el fuego borrará con brevedad.
Ajusta su peineta y su manteo,
la seda brilla en cada movimiento,
bajo el balcón que vibra en un rubeo.
El alma madrileña se ha rendido
al grito de la fiesta y al estruendo,
y un corazón fallero ha florecido.
Dedicado a mi querida amiga Marisa Andres Montes.
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