Frente al cristal, la sombra se detiene
el pulso aguarda el grito del metal
despierta un hambre de acero vital
que en la mirada fija se sostiene.
El hierro pesa, pero no lo frena
desafía a la inercia más banal
frente al esfuerzo rudo y colosal
su voluntad rompe cualquier cadena.
No es solo un muro, es templo y es destino
donde el silencio fragua su entereza
y el rastro del ayer halla camino.
La mente vence, el cuerpo se endereza
ante el asombro del mundo distraído,
por el orgullo de lo que ha vencido.
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