(Décimas endecasílabas)
Vendado el rostro, firme en su balanza,
sin ver el brillo del metal impuro,
camina ciega por el muro oscuro
donde el humilde busca la esperanza.
Su espada dicta ley, no es una lanza,
que castigue el error sobre el olvido
y niega la justicia al desvalido
cuando el derecho impone su cerrojo,
sin que el favor empañe nunca el ojo,
el peso de la culpa es lo medido.
El peso de la culpa es lo medido,
en el fiel del acero y de la historia
buscando en la verdad la limpia gloria
de quien se sabe libre y no vencido.
El fallo que se dicta es el sonido
que rompe la cadena del lamento,
y aunque el rigor parezca un cruel tormento,
se inclina ante el favor del poderoso,
negando al desvalido su reposo,
al pobre a besar el
frío cemento.
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