miércoles, 18 de marzo de 2026

EL GENERAL EN SU ÚLTIMO LABERINTO.

 






​El eco de los cascos de los caballos se había extinguido, reemplazado por el susurro monótono de las olas del Caribe golpeando la costa de Santa Marta. Aquel hombre, cuya sombra una vez cubrió mapas enteros y cuyo nombre hizo temblar tronos, se encontraba ahora confinado al silencio de una alcoba prestada. La fiebre, más implacable que cualquier ejército realista, le arrebataba el aliento con la misma ferocidad con la que él había reclamado la libertad.

​No hubo corazas de plata ni desfiles de victoria en ese rincón del mundo. Solo la amargura de ver cómo el gran sueño de la unidad se fragmentaba en fronteras mezquinas y ambiciones locales. Él, que lo había dado todo, su fortuna, su linaje, su juventud, se desvanecía entre sábanas blancas, envuelto en la pobreza de quien ha arado en el mar.

​Sin embargo, en ese exilio del alma, su grandeza no menguó. Bolívar no murió en el olvido, sino en la pausa necesaria que hace la historia antes de convertir a un hombre en mito. El Libertador cerró los ojos frente al océano, dejando tras de sí un legado que ningún destierro pudo borrar. Al final, el fuego que encendió en el corazón de un pueblo resultó ser la única llama que no pudo extinguir el frío de la ingratitud.




@copyright

Image de Google.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL MANTO DE LA DEHESA

    ¡Feliz día de la Primavera!   ​El astro besa al resplandor dándole la bienvenida, mientras la dehesa, jubilosa, despliega su col...