jueves, 19 de marzo de 2026

EL DESPERTAR DE LA NOVIA DE ABRIL

 





20 de Marzo inicia la primavera.

 

 

​Llega la primavera con su paso de seda, vistiendo los campos con un traje de luces que envidiaría la más alta nobleza. No es solo una estación, es el suspiro de la tierra que, tras el largo sueño del invierno, despierta enamorada del sol. Los almendros se tornan nubes de nieve rosada y el aire, antes gélido y severo, se vuelve ahora un cómplice que transporta el secreto de las flores.

​Todo en ella es romance, el trino del jilguero que busca su nido, el murmullo del arroyo que corre presuroso a contarle al mar que la vida ha vuelto, y ese verde tierno que lo inunda todo como un manto de esperanza. Es la bendita primavera la que nos enseña que nada muere para siempre, que después de cada escarcha hay un capullo esperando su momento, y que el amor, al igual que las rosas, solo necesita un rayo de luz para abrir sus pétalos al mundo.

​Caminar bajo su cielo es leer un poema escrito con pétalos y rocío, donde cada rincón es un verso y cada aroma, una caricia para el alma que todavía se atreve a soñar.

 

 

 

​ROMANCE DE LA NOVIA DE ABRL.

 

​Ya se viste la montaña

con su manto de esmeralda,

y el arroyo va contando

secretos de plata clara.

​Despiertan los azahares

con su blancura de nácar,

mientras el sol, como un novio,

le da un beso a la mañana.

​El aire trae en sus alas

perfumes de miel y zarza,

y el jilguero en la enramada

su copla de amor ensaya.

​¡Qué bendita primavera,

tan florida y tan galana!,

que hasta las piedras del río

parece que tienen alma.

​Todo es promesa de vida,

todo es luz que nos abraza,

en este mundo que estrena

una nueva esperanza.

 

 

​SONETO A LA NOVIA DE ABRIL.

 

​Ya viene abril con paso de azucena

bordando de esmeralda la llanura

y el campo, que olvidó su desventura

de luz y de perfumes se encadena.


​La fuente, de cristal y de alma llena

murmura su canción de fe y ternura

mientras el sol, con manos de pavura

despierta el trigo y quita toda pena.


​Es una novia el alba en el camino

que viste de azahares su latido

y busca en el amor su alto destino.


​Todo el dolor del invierno ha partido

y ante este cielo azul y diamantino

el corazón se siente ya renacido.



 

 

La primavera es la prueba de que la vida siempre tiene la última palabra. Después de los inviernos más crudos, cuando el frío parece haber ganado la partida, surge un brote, una flor, un verso... y todo vuelve a empezar. Que nuestra alma sea como la Novia de Abril, capaz de sacudirse la escarcha del ayer para vestirse de esperanza y de luz. Porque mientras haya una flor que se abra y una pluma que la cante, el mundo seguirá siendo un lugar donde vale la pena soñar.

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