20 de Marzo inicia la
primavera.
Llega la primavera con su paso
de seda, vistiendo los campos con un traje de luces que envidiaría la más alta
nobleza. No es solo una estación, es el suspiro de la tierra que, tras el largo
sueño del invierno, despierta enamorada del sol. Los almendros se tornan nubes
de nieve rosada y el aire, antes gélido y severo, se vuelve ahora un cómplice
que transporta el secreto de las flores.
Todo en ella es romance, el
trino del jilguero que busca su nido, el murmullo del arroyo que corre
presuroso a contarle al mar que la vida ha vuelto, y ese verde tierno que lo
inunda todo como un manto de esperanza. Es la bendita primavera la que nos
enseña que nada muere para siempre, que después de cada escarcha hay un capullo
esperando su momento, y que el amor, al igual que las rosas, solo necesita un
rayo de luz para abrir sus pétalos al mundo.
Caminar bajo su cielo es leer un
poema escrito con pétalos y rocío, donde cada rincón es un verso y cada aroma,
una caricia para el alma que todavía se atreve a soñar.
ROMANCE DE LA NOVIA
DE ABRL.
Ya se viste la
montaña
con su manto de
esmeralda,
y el arroyo va
contando
secretos de plata
clara.
Despiertan los
azahares
con su blancura de
nácar,
mientras el sol, como
un novio,
le da un beso a la
mañana.
El aire trae en sus
alas
perfumes de miel y
zarza,
y el jilguero en la
enramada
su copla de amor
ensaya.
¡Qué bendita
primavera,
tan florida y tan
galana!,
que hasta las piedras
del río
parece que tienen
alma.
Todo es promesa de
vida,
todo es luz que nos
abraza,
en este mundo que
estrena
una nueva esperanza.
SONETO A LA NOVIA DE
ABRIL.
Ya viene abril con
paso de azucena
bordando de esmeralda
la llanura
y el campo, que
olvidó su desventura
de luz y de perfumes
se encadena.
La fuente, de
cristal y de alma llena
murmura su canción de
fe y ternura
mientras el sol, con
manos de pavura
despierta el trigo y
quita toda pena.
Es una novia el alba
en el camino
que viste de azahares
su latido
y busca en el amor su
alto destino.
Todo el dolor del
invierno ha partido
y ante este cielo
azul y diamantino
el corazón se siente
ya renacido.
La primavera es la prueba de que
la vida siempre tiene la última palabra. Después de los inviernos más crudos,
cuando el frío parece haber ganado la partida, surge un brote, una flor, un verso...
y todo vuelve a empezar. Que nuestra alma sea como la Novia de Abril, capaz de
sacudirse la escarcha del ayer para vestirse de esperanza y de luz. Porque
mientras haya una flor que se abra y una pluma que la cante, el mundo seguirá
siendo un lugar donde vale la pena soñar.

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