Volveré a la orilla
donde el sol reposa,
tras navegar la bruma
del olvido
rescatando el amor
que no se ha ido,
bajo la palma eterna
y silenciosa.
El alma busca
siempre aquella rosa,
el rastro de un
momento compartido,
que en el cofre del
tiempo se ha quedado,
como una joya pura y
poderosa.
Navegar, solitaria,
es mi destino,
feliz de haber
conocido el amor contigo,
llevando tu recuerdo
por testigo,
en cada paso de este
mi camino.
No importa si el
oleaje es repentino,
ni el frío que me
traiga el enemigo
pues hallo en lo
vivido mi abrigo,
y en tu huella mi
bálsamo divino.

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