(Rima Octava real)
Domina el capitán la cresta fría,
su mano es firme, el pulso no vacila,
conoce el mapa que la mar traía
mientras el rayo en el cenit oscila.
No teme al viento ni a su algarabía,
pues en su pecho el horizonte anida;
recorre el mundo con su valentía
buscando el puerto de la nueva vida.
Lleva su gorro entre la blanca espuma,
el salitre ha marcado ya su frente,
no lo detiene el velo de la bruma
ni el fiero abrazo de la gran corriente.
Su voluntad la tempestad consuma
con el valor del hombre más valiente;
mira la estrella que la noche alumbra
fijo en el puente donde el alma lucha.
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