No es la cuna la que define el destino del hombre, sino la
voluntad de servir a la justicia. Aquel niño que bajo el cielo de Oaxaca solo
conocía el lenguaje de la tierra, nos enseñó que la verdadera soberanía no
reside en las coronas, sino en el respeto mutuo.
Hoy, cuando el mundo parece olvidar que la paz es el fruto
de la equidad, la figura de Juárez nos recuerda que el derecho no es un
privilegio de pocos, sino el escudo de todos. Que la pluma nunca olvide que la
mayor victoria no es la que se alcanza con la fuerza, sino la que se logra
cuando la razón y la ley se dan la mano.
Ser dignos de nuestra historia es entender, finalmente,
"que nadie es tan pequeño que no pueda cambiar el rumbo de una nación, ni
tan grande que esté por encima del respeto al prójimo" .
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