La verdadera pasión no necesita de voces altas ni de
palabras desnudas; se encuentra en el murmullo del río que busca su orilla y en
la luz que atraviesa la seda. Escribir al amor es como cuidar una llama en la
penumbra lo importante no es cuánto quema, sino cuánta luz es capaz de dar al
espíritu. Que la pluma sea siempre ese velo transparente que permite adivinar
la belleza sin profanar el sagrado silencio de dos almas que se encuentran.
EL PUERTO DEL DESEO
(Octava real)
Es el cauce de seda en la penumbra,
donde el río se rinde ante la orilla,
una llama que el alma solo alumbra
cuando el roce en la piel es maravilla.
Es el faro que el puerto ya vislumbra,
mientras la noche, en calma, ya se humilla,
y en el nardo sutil de la fragancia,
se acorta entre los dos toda distancia.
El Alquimista de la Seda.
(Soneto)
Es un cauce de luz en la penumbra
donde el río se rinde ante la orilla
una llama que el alma solo alumbra
cuando el roce en la piel es maravilla.
Es la cumbre que el rayo ya deslumbra
un aroma de nardo y de camelia
la marea que en calma se arrodilla
ante el fuego que el pecho ya acostumbra.
Dos silencios que anudan su destino
en el puerto del tiempo y del olvido
recorriendo un secreto y fiel camino.
Donde el alma descansa en su latido
y en el nudo de un lazo diamantino
todo el mundo se entrega por vencido.
Imagen de Google

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