miércoles, 18 de marzo de 2026

EL CLAMOR POR LA EQUIDAD, PAZ Y JUSTICIA


 



 

​El día en que la humanidad abrace la equidad como premisa, ese día florecerán los jardines de la esperanza.

​Es una herida abierta ver rodar una lágrima por el tierno rostro de un niño acosado por el hambre, mientras el mundo privilegiado derrocha en la indiferencia. Es doloroso el llanto de la madre cuyo hijo, empujado por la necesidad absoluta, es arrastrado a la delincuencia. Si poseyéramos la sabiduría colectiva de la hormiga, nuestro destino sería distinto. Sin embargo, presenciamos el contraste obsceno: recursos gastados en la vanidad de la figura, mientras en las calles un niño implora, en silencio, un pedazo de pan.

​Conocemos la desesperación del padre ante el hijo enfermo, debatiéndose entre la vida y la muerte, atrapado en la impotencia de un jornal que no alcanza para la medicina, o de la falta de empleo por carecer de títulos que el hambre le impidió obtener. Es el contraste amargo entre la lucha por la supervivencia y los privilegios de quienes estudian en las élites globales.

​Si la justicia fuera equitativa, el águila no se vería forzada a migrar, a cruzar fronteras para sufrir humillaciones en tierras extranjeras bajo el estigma de la ilegalidad. Veríamos crecer a nuestros hijos sanos y felices. Transformaríamos el mundo y la discriminación por parte de nuestros vecinos sería cosa del pasado.

​La creación es sabia: el sol sale y la lluvia cae para todos por igual. Ante lo divino, no hay distinciones; somos apenas un grano de arena, una nube que aparece y se disipa. Nos iremos sin llevarnos nada. ¿Por qué, entonces, la saña contra el desprotegido? ¿Por qué ese instinto de rapiña sobre la vulnerabilidad ajena?

​Somos humanos y México clama por Paz, Justicia y Equidad. Es hora de equilibrar la balanza entre ricos y pobres con honestidad y dignidad. Debemos sanar este planeta que agoniza ante la ambición del poder y luchar unidos por la niñez, el futuro de la humanidad. Que sus rostros solo reflejen alegría y que el sufrimiento y la carencia sean palabras desconocidas para ellos.

​La honestidad es, a menudo, el único y más valioso patrimonio del pobre. Las manifestaciones del espíritu no tienen precio; se cultivan con respeto propio. Quien aprende a extraer la esencia de lo cotidiano posee el tesoro más grande.

​La verdadera medida de la riqueza y la pobreza radica en nuestra capacidad de dar y ofrecernos al prójimo. Que la equidad reine entre obreros, patrones y empresas. Solo así alcanzaremos la paz que tanto anhelamos.

 

 

 

 

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17/03/2025

Imagen de Google

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