Bajo el manto de luz que el cielo envía,
se detiene el reloj en tu mirada,
bebiendo de tu voz la melodía
que deja el alma dulce y sosegada.
Esclava de tu amor y tu alegría,
mi fe por tu presencia es renovada,
pues no existe tesoro ni fortuna
como verte brillar bajo la luna.
Si el viento con sus alas te acaricia,
es solo por llevarse tu fragancia,
que es del jardín del mundo la primicia
y vence cualquier sombra de distancia.
No hay ley, ni pensamiento, ni justicia
que iguale de tu ser la relevancia,
un hilo de oro une nuestro destino,
trazando entre los dos solo un camino.
No importa que el invierno traiga frío,
ni que el tiempo marchite la azucena
pues fluye por mis venas como un río
la paz que de tu gracia está tan llena.
En tu latido encuentro el equilibrio,
perdiendo para siempre cualquier pena;
que el lazo que a tu vida me ha traído
jamás podrá quedar en el olvido.
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