miércoles, 18 de marzo de 2026

EL CENTINELA DE LAS MONTAÑAS.


 

 






​En el corazón de la Sierra Madre, donde las nubes se enredan con los pinos, late todavía el espíritu de un hombre de bronce. Vicente Guerrero no fue un estratega de salones elegantes ni de uniformes impecables; fue el guerrero del sur, la llama que se negó a morir cuando la esperanza de la independencia parecía un rescoldo cubierto de ceniza. Mientras otros buscaban el perdón o la comodidad del olvido, él se mantuvo firme, como un roble cuyas raíces se hundían en la tierra misma que juró liberar.

​Su figura, marcada por la humildad de su origen y la grandeza de su destino, desafió no solo a los imperios, sino a los prejuicios de su tiempo. Ni el ruego de su padre ni la tentación del poder pudieron doblegar su voluntad. Para Guerrero, la libertad no era un concepto abstracto, sino el derecho de cada hijo de esta tierra a caminar sin cadenas.

​La traición intentó silenciarlo en una mañana de febrero, creyendo que al apagar su vida borrarían su ejemplo. Pero se equivocaron. El hombre que entregó su último aliento en Cuilápam no murió en el olvido; se fundió con el aire de las montañas y el valor de los humildes. Hoy, su nombre es el escudo de quienes no se rinden, recordándonos que, por encima de las ambiciones y los miedos, la patria siempre será el primer y más sagrado de los deberes.

 

 

 

@copyright

Imagen de Google.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL MANTO DE LA DEHESA

    ¡Feliz día de la Primavera!   ​El astro besa al resplandor dándole la bienvenida, mientras la dehesa, jubilosa, despliega su col...