lunes, 13 de abril de 2026

A LOPE DE VEGA, FÉNIX Y MAESTRO

 



(Soneto)


 

​Asombro de los siglos, pluma brava

que el Parnaso domaste con el rastro

de un ingenio que brilla como un astro

y en cada verso el alma se te esclava.

 

​Nadie como tu voz la lengua alaba

fuego que no conoce el alabastro

siguiendo de la vida el hondo rastro

donde la prosa en música se acaba.

 

​Monstruo de la natura en tu porfía

diste al teatro ley, diste el sentido

con la magia de tu arte y tu hidalguía.

 

​Tu laurel por el tiempo es mantenido

pues no habrá quien ignore todavía

que tu nombre en la gloria se ha quedado... y ha ido.


 

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AL MANCO DE LEPANTO

 



(Soneto)

 

​Aquel que con su mano la gloria asienta

aunque una en la batalla quedara herida

dio al mundo una lección nunca aprendida

mientras su pluma el alma nos inventa.

 

​La Mancha por su ingenio se presenta

en la figura de una fe perdida

que entre molinos busca su salida

y en la justicia el corazón alimenta.

 

​¡Oh, Miguel!, que en la cárcel y el camino

supiste ver la luz del desvalido

trazando con tu letra nuestro sino.

 

​Tu ingenio por el orbe es bien sabido

pues no habrá caballero ni destino

que no se rinda ante lo que has ido.

 

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A LA LUZ DEL ENTENDIMIENTO

 




 A Sor Juana Inés de la Cruz.

(Soneto)

 

​Si el alma busca el bien que la ilumina

y encuentra en la razón su propio asiento

no habrá sombra que opaque el pensamiento

ni voz que a la ignorancia se destina.

 

​Que es noble la virtud que no domina

sino que ofrece paz y sentimiento,

buscando en el mutuo entendimiento

la senda que a lo justo nos inclina.

 

​No es necio quien escucha y quien comprende

ni aquel que da su mano al desvalido

pues con amor la claridad defiende.

 

​El lazo del respeto es bien tejido

y aquel que con su luz el pecho enciende

alcanza el bien que por su honor ha ido.


 

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LA POESÍA DE LAS SOMBRAS

 




Respuesta a la crítica del escritor Oscar Vicente Conde.

 

 

Su molestia no es solo comprensible, es necesaria. Tras haber leído y publicado a más de dos mil autores, su perspectiva no nace de la opinión, sino de la evidencia estadística. Quien lee un poema al día durante siete años tiene un mapa del talento real mucho más preciso que quien solo frecuenta las antologías de siempre.

​Su crítica pone el dedo en varias llagas del mundo literario.

​El mundo de las letras suele ser un teatro de espejos donde unos pocos se encargan de sostener las velas para iluminar siempre los mismos rostros. Se han construido pedestales de mármol para figuras que, en realidad, son de cartón prensado; nombres que se repiten hasta el cansancio en una letanía de amiguismos y cofradías. Dicen que son los dueños del verso, los guardianes de la métrica, los únicos autorizados para dictar qué es belleza y qué es olvido. Pero esos círculos cerrados, esos muros levantados por el ego, tienen una grieta fatal, la realidad del que lee con el alma limpia.

​Afuera, en la intemperie de lo no oficial, late la verdadera vida. Allí, donde el foco no llega, crecen joyas silvestres que nadie se molesta en catalogar. Son poetas que no tienen un carnet de club, ni un asiento en la mesa de los elegidos, pero que poseen una palabra capaz de incendiar el pecho de quien los descubre por azar.

​Publicar a un poeta es un acto de justicia, pero buscarlo entre la multitud es un acto de fe. Hay que tener los ojos cansados de tanto leer y el corazón joven para seguir asombrándose, para entender que la autoridad no la da un título ni una medalla, sino la constancia de quien ha visto pasar miles de versos y sabe distinguir el oro del simple oropel.

​Es hora de dejar que la brisa derribe a los ídolos de barro. No necesitamos más egos engordados por el aplauso fácil; necesitamos ojos que miren hacia los rincones oscuros, hacia esos "nadie" que escriben como dioses. Porque al final, cuando el ruido de las camarillas se disuelva, no quedarán los nombres que más gritaron, sino aquellos versos que fueron capaces de sostenerle la mirada a la verdad. La poesía no pertenece a quienes la encierran en salones, sino a quienes la liberan cada día en la soledad de una página compartida.

 

 


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EL ABRAZO DE PIEDRA




(Soneto)

Inspirado en la imagen.


 

​El mármol se estremece en el desvelo

dos cuerpos que el cincel fundió en un lazo

buscando en la firmeza del abrazo

un rastro de calor bajo este cielo.

 

​La mano se aferra con tal anhelo

que el dedo marca el rastro de su paso

negándose a aceptar el fiel ocaso

de un tiempo que ha quedado bajo un velo.

 

​​Es un nudo de amor, alma y destino

que aguanta los embates de lo herido

en este laberinto de camino.

 

​El hilo rojo vibra, está encendido

marcando para siempre lo vivido

lo que el tiempo jamás ha reducido.

 

 


 La obra de arte de la imagen se titula "Apolo y Dafne" y su autor es Gian Lorenzo Bernini.

"Bernini Fue un mago del detalle. En obras como El rapto de Proserpina, puedes ver literalmente cómo los dedos del captor se hunden en el muslo de la mujer, creando "hoyuelos" en el mármol que engañan al ojo haciéndole creer que es carne real".




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ODA AL POETA DE LA PAZ

 



Rene Aguilera Fierro

(Octavas reales)


 

​Murió el poeta, el hombre, el emisario,

que en versos de cristal sembró la calma;

aquel que hizo del verbo su santuario

y unió las manos con la voz del alma.

Hoy queda mudo el viejo abecedario

y un frío de nostalgia el pecho encalma,

mas brilla en el confín de la memoria

su nombre escrito en letras de victoria.

 

​Fue mi amigo, mi guía y compañero

en este laberinto de la pluma,

buscando aquel lenguaje verdadero

que nace entre la roca y entre la espuma.

Él fue del mundo un sabio mensajero

que disipó del odio la espesa bruma,

dejando en cada puerto una simiente,

un mundo en paz, un lazo en cada frente.

 

​​No es silencio la ausencia que nos deja,

es un eco de luz que no se olvida;

su pluma es una llama que no ceja

de dar calor al alma malherida.

Al noble amigo que el óbito aleja

su herencia de bondad es la medida,

pues vive en cada verso que ha nacido

y el cielo en su honor hoy suena a latido.


 

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AFIRMAN QUE EL POETA

 




Afirman, con ligereza, que el poeta habita en la indiferencia, ajeno a los latidos del mundo. Pero yo te digo, hermano: ¡mienten! Miente quien asegura que solo dibujamos versos en el viento. El poeta es un observador silente que contempla la herida del mundo desde la distancia justa para poder sanarla. Trata de pintarnos un horizonte más limpio; ofreciendo palabras de aliento, inventa un refugio donde el dolor y el quebranto se transmutan en luz.

 Porque el poeta es, en esencia, un mensajero enviado a la tierra para traducir su pasión por la humanidad en humildes letras; es el instrumento de una fuerza mayor.

​El bardo también llora. Llora al ver al niño maltratado por la ambición desmedida del hombre. Al igual que tú, sufre la impotencia de ver al terrenal que persigue lo material, destruyendo a su paso la belleza sin detenerse a reflexionar.

​Es un ser de carne y hueso que sacrifica su descanso cuando, en la profundidad de la noche, le abraza la inspiración. Se levanta a tientas, intentando hallar en la tinta la solución a todo sufrimiento. Camina sin buscar fama ni gloria; es el guardián de la sombra mientras tú duermes tranquilo. Él galopa entre penumbras, cazando los vocablos exactos para entregarte un poema.

​Sueña con descubrir el secreto de lo imposible y entregarte, en un solo verso, la paz. Ríe y llora de alegría o de impotencia; no le importa que el mundo lo tilde de loco, pues siempre tiene afecto para dar mientras hace malabares con el tiempo.

​El juglar denuncia en sus cantos la guerra y la hambruna que devoran el planeta. El trovador apura la copa de amargura ante la impotencia de no poder quebrar las armas mortales, y aun así, le canta la esperanza al desposeído, haciendo más leve su estancia en la tierra.

​El poeta es capaz de ablandar un corazón de roca o de transportar al lector del infierno al paraíso, navegando entre las plétoras de sus propias angustias. Es capaz de volar sin alas cuando se toma la luna a bocanadas. Es el héroe de sus propias fantasías cuando desafía la corrupción para defender a su pueblo. Y aunque intenten encadenarlo con leyes, sus pensamientos permanecen libres; en los recitales llora de alegría mientras muere de dolor por dentro, pero sigue cantándole a la vida con sus liras, versos y sonetos.

​Qué desabrida sería la existencia sin los poetas, esos artesanos que ponen sabor, sangre y color a la palabra.





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EL RECONOCIMIENTO DEL ALMA

 





​A menudo nos perdemos en el jardín del mundo, buscando colores brillantes que deleiten la mirada. Sin embargo, hay un momento en que los ojos se vuelven innecesarios. Es esa sensación extraña, un pulso silencioso que nos detiene frente a alguien, no por lo que muestra, sino por lo que emana. Se dice que el corazón no tiene ojos, y es verdad: el corazón es ciego porque no necesita la luz exterior para reconocer el calor.

​Es el alma quien elige. Ella no se distrae con la apariencia de los pétalos; busca la luz interior, esa llama suave que invita a quedarse. Al acercarnos a quien sabe abrazarnos el alma, el tiempo se dobla, sentimos una calma profunda, como si de otras vidas ya nos hubiéramos amado. En ese refugio, se pierde todo temor.

​Esa seguridad nos da el permiso definitivo para despojarnos de las máscaras y mostrar nuestra verdadera esencia. Entendemos entonces que cuidar a una flor no es solo darle agua, sino proporcionarle el sol donde su propia naturaleza se sienta libre de expandirse. Al final, el alma no elige a quien la deslumbra, sino a quien le devuelve la libertad de ser, simplemente, ella misma.

 

 

 

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domingo, 12 de abril de 2026

EL DECRETO DE LA ILUSIÓN

 




Soneto

 

​Hoy mi paso no busca otro destino

 he logrado hacerme mucho más fuerte

no permito al hado desviar mi suerte

frente al ruido de un mundo tan mezquino.

 

​Mi voluntad es hoy la sola guía

que al caminar me ofrece tanta luz

bajo este cielo de un azul contraluz

en esta paz que ya no es utopía.

 

​En mi pecho guardo un alto tesoro

que por fin comprendo, cuido y atesoro

solo permito un alma en mi recinto,

 

​que demuestre un valor siempre distinto

bajo un sol que no sea de laberinto

para honrar todo lo que he construido.



 

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jueves, 9 de abril de 2026

SUEÑO DE AMOR.






​Imagina un rincón secreto donde el mundo parece detenerse. Estamos tú y yo, frente a la inmensidad del océano, justo cuando el sol, como un pintor magistral, derrama sobre el lienzo del cielo una paleta de naranjas encendidos, rosas empolvados y violetas profundos. El aire es una caricia cálida y húmeda, impregnada con la fragancia salina del mar que se mezcla con el aroma silvestre de la tierra.

​A nuestros pies, el ir y venir rítmico de las olas es una canción de cuna que arrulla el alma, y el suave susurro de una guitarra a lo lejos teje una melodía melancólica y dulce que acompaña el momento. En el centro, una mesa pequeña, un altar a nuestra intimidad, adornada con flores silvestres de colores vibrantes y velas que parpadean con delicadeza, creando un círculo de luz tenue y cálida en medio de la penumbra creciente. Dos sillas cómodas nos esperan, una invitación a sentarnos, a mirarnos a los ojos y a compartir una conversación tranquila y profunda, con el sabor de un buen vino en los labios. Una sensación de paz y tranquilidad absoluta nos envuelve, un espacio sagrado donde nuestra conexión florece de forma natural, sin prisa, como la marea.

​O tal vez prefieras la calidez acogedora de una biblioteca antigua, un santuario de historias y sabiduría. La tibieza de una chimenea crepitando es el corazón del lugar, arrojando destellos dorados sobre estanterías repletas de libros con tapas de cuero gastadas por el tiempo, guardianes de miles de secretos. El aire huele a papel viejo, a madera quemada y al reconfortante aroma de dos tazas de chocolate caliente que humean sobre una mesa auxiliar.

​Dos sillones grandes y cómodos, cubiertos con mantas de lana suave, nos invitan a acurrucarnos, a perdernos en la compañía mutua. La música clásica, un eco sereno de compositores eternos, llena el silencio, solo interrumpido por el sonido casi imperceptible de las páginas al pasarlas y nuestras voces, susurrando al oído pensamientos y sueños que solo nosotros podemos escuchar. Es un espacio que invita a la intimidad, a un intercambio de ideas que va más allá de las palabras, una conexión profunda a través de la lectura compartida y la complicidad de nuestras miradas.

​Y si el mundo se siente demasiado pequeño, siempre nos quedará el prado de flores silvestres bajo la bóveda celeste. Un manto infinito de flores de colores vibrantes se extiende hasta el horizonte, como un reflejo de la diversidad del universo. El aroma dulce y fresco de la noche nos invade, una fragancia pura que nos conecta con la tierra.

​Estamos sentados sobre una manta suave, con la mirada perdida en las estrellas que brillan intensamente en la oscuridad, cada una un testimonio de la inmensidad del cosmos. El silencio es un regalo, una sinfonía natural de grillos y el suave susurro del viento que canta entre las flores. Un espacio simple, sí, pero con una belleza natural tan poderosa que nos permite disfrutar de la compañía mutua y de la abrumadora grandeza del universo, y en medio de todo ese misterio, estamos solo tú y yo.



 

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EL GALOPE DEL TIEMPO

 



 

Galopando van los sueños

sobre la orilla del Mar

he sabido disfrutar

de paisajes caribeños.

 

Donde el amor da sentido

al más mínimo detalle

sin que la cordura falle

disfruto de lo vivido....

 

Bajo un sol de fuego y oro

que en el agua se deshace,

toda angustia allí se aplaca

frente al brillo del tesoro.

 

​Y en el alma se ha quedado

la caricia de la brisa,

que dibuja una sonrisa

por todo lo que fue ido.




 

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A LOPE DE VEGA, FÉNIX Y MAESTRO

  (Soneto)   ​Asombro de los siglos, pluma brava que el Parnaso domaste con el rastro de un ingenio que brilla como un astro y e...