Me place contemplar el ancho cielo,
detenerme en el pulso de una estrella
y pensar que en el brillo de su huella
el viento escribe un rastro de consuelo.
Besa la aurora mi mirada suave,
baña el rocío mi libre cabellera;
¡qué no daría por cruzar la frontera
y ser la luz que en el ocaso cabe!
Versos en ese manto yo escribiera,
leyendo el mundo como un libro abierto;
hallar en tus luceros
puerto cierto
y caminar, por siempre, a tu vera.
Inquieto el corazón busca su anhelo,
una inefable sed me eriza la piel;
las ansias galopando cual corcel...
Muere el sol, y yo nazco por un cielo.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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