Les esperé hoy, con el mismo amor con el que los cuidé
cuando eran pequeños y el mundo les parecía inmenso. Preparé el lugar de
siempre, ese que el éxito y las prisas de sus vidas actuales parecen haber
borrado del mapa.
Es triste ver cómo este siglo los ha convencido de que el
bienestar se mide en cuentas bancarias, olvidando que la verdadera riqueza
estaba en las noches que velé sus sueños y en los brazos que los sostuvieron
cuando no tenían nada.
A mis nietos, que crecieron entre mis caricias: no olviden
que las raíces son las que sostienen al árbol, por muy alto que este llegue. A
ti, hija mía: el tiempo es el único regalo que no tiene devolución.
Hoy mi mesa estuvo en silencio, pero mi conciencia está
llena de la entrega que les di. Ojalá que, cuando el brillo de lo material se
apague, porque siempre se apaga, no sea demasiado tarde para recordar que aquí,
en casa, el único tesoro que importaba era estar juntos.
"Ordenando hoy mis cosas encontré esta foto. Me
recordó que, más allá de los lujos o los regalos de estas fechas, mi mayor
riqueza siempre fue cuidarlos y verlos crecer. Los extrañé mucho hoy en la
mesa. Ojalá el año que viene el tiempo nos permita volver a abrazarnos. Los amo
siempre."
Autora : Ma Gloria
Carreón Zapata
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