Yo te di, no lo que me sobraba, sino lo que aprendí a cultivar en el silencio. Te di mis manos, ya no cerradas en puños por viejas batallas con sombras sino abiertas y tibias, listas para sostener el peso de un nuevo amanecer.
Te di el primer café de la mañana en nuestra cabaña, ese
aroma que ahora es el único rastro de humo que permito en mi vida.
En cada mirada, te
entregué la certeza de que el pasado es un libro que ya no necesito releer para
saber quién soy.
Te di mi risa más
honesta, esa que nació justo después de entender que la paz es el mayor de los
actos de rebeldía.
No te di promesas de cristal que se rompen con el viento;
te di la madera sólida de mi presente, la estructura firme de alguien que ya no
huye de sí mismo.
Te di mi amor como quien da tierra fértil: sin condiciones,
con la esperanza vibrante de ver florecer todo lo que sembremos juntos en este
refugio de luz.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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