Tú, que siembras veneno en la mano del hijo,
que comercias con sombras y robas la luz,
¿no ves en su rostro el amargo prefijo
de aquel que mañana cargará con su cruz?
Tú también eres padre, o abuelo, o hermano,
corre sangre de niño por tu propio hogar;
¿cómo puedes dormir con el lodo en la mano
sabiendo que a un joven vas a encadenar?
Es una ambición de metal y de muerte,
un hambre de oro que no tiene fin,
que juega a los dados con la mala suerte
y quema las flores de nuestro jardín.
No hay riqueza que limpie la culpa del alma,
ni joya que brille en la oscuridad;
mientras robas el sueño, la vida y la calma,
te hundes en pozos de nula piedad.
Haz conciencia, detén este ciclo de espanto,
antes que el veneno que hoy das a beber,
regrese a tu mesa cubierto de llanto
en el rostro de alguien que tú viste nacer.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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