Ahora entiendo tu amor como una
lección,
no como una pérdida. Te advertí
que mi piel era de tierra
y de tiempo, que no era un ideal, sino una
mujer de carne,
alguien que siente el peso de las
injusticias
y guarda una lealtad sagrada ante
el afecto.
Te confié mi alma, ese cristal
traslúcido, y sin piedad,
elegiste volverla añicos. Juraste un amor sin
orillas,
prometiendo el sol y un palacio
de vidrio.
¡Judas!
Mientras tus labios sellaban el
pacto,
tu mano ya afilaba el acero
para hundir el puñal en el
descuido.
Traicionaste nuestro fuego por
ceniza material,
vendiéndote al mejor postor del ego.
Usaste al Ser Divino como un escudo falso,
jurando una fidelidad que ya estaba rota.
Pero hoy, que tu deslealtad es
mi mapa de salida,
no guardo rencor, solo distancia.
He recogido cada fragmento de mi
centro,
soldando las grietas con hilos de
dignidad.
No vuelvas; no reconocerías el
terreno.
Aquí habita una mujer que ha dicho basta
y ha decidido, por fin, ser su propia
oportunidad.
Autora : Ma. Gloria
Carreón Zapata.
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