(Versión Elegíaca)
Naufragué sobre
neviscas de sueños agrietados,
temiendo profanar un
aire ya viciado.
Ávido de habitar su
báratro de fuego y ceniza,
soñé el matiz de una
ilusión con olor a magnolia muerta;
pobre ombligo iluso
que amamanta el vacío de mi alma.
Le amé con el pavor
que se le tiene a un Dios ausente:
con las rodillas
hundidas en la tierra fría
y el rostro
implorante ante un cielo de cristal inerte.
Se deshacía,
marchita, entre mis dedos ciegos;
aquella flor de abril
desangró mis desazones,
adelfa ponzoñosa de
mis peores sinsabores.
Y la vi brotar allí,
como un milagro herido,
en mi regazo,
mientras el Padre Nuestro se hacía rito oscuro.
Su mirada extraviada
en un tiempo que colapsa:
largo pétalo de hiel,
flor de plumas negras, susurro de mujer alada.
Fue letra de un
himno despojado de armonía,
monodia fúnebre
brotada de la lira.
Como el silencio de
Beethoven tras la última nota,
fue el incendio voraz
de mis utopías muertas;
un castañear de dientes
en sueños sin melodía,
tiniebla de mis
noches y eclipse de mis días.
Era un respiro fugaz
que hacia el abismo corría,
el amor que huyó al
galope en un corcel de sombras;
ella, la camena de
mis versos... los que nadie leería.
Autora : Ma. Gloria
Carreón Zapata.
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