Prosa Poética
Cada amanecer es una dádiva del Creador, una página en
blanco y un nuevo reto para alcanzar nuestra mejor versión. En el afán de dejar
huella, esculpimos nuestra existencia con esfuerzo, pero a menudo nos limitamos
a sobrevivir.
Hemos olvidado caminar bajo sus divinos mandamientos y, en
cambio, tropezamos de fracaso en fracaso persiguiendo fuera lo que ya portamos
dentro. Buscamos una paz que solo hallaremos al despojarnos del egoísmo y de
esa vana manía de poseer lo que, en esencia, solo a Él le pertenece.
Perseguimos el amor sin descanso, olvidando que somos fruto
del Amor mismo. Somos esencia divina; bastaría con mirarnos honestamente para
comprender que el secreto de la paz reside en entregarnos, en ser y dejar ser,
compartiendo la luz que somos con los demás.
Ya lo sentenció el Gran Maestro: “Amaos los unos a los
otros”.
¿Hasta cuándo cerraremos los oídos mientras nos
exterminamos como hermanos? Nos consume la ambición por lo efímero, por aquello
que el tiempo y la polilla corrompen. Somos vulnerables ante sombras que, por
siglos, han lucrado con la sangre, la guerra y el dolor ajeno.
¿Qué puede esperar nuestro Creador de nosotros si hemos
desterrado de la educación, incluso de aquella que se mama en el hogar, el
respeto y el temor reverencial al Todopoderoso? Esa es la única base sólida
para heredar un mundo mejor a las generaciones venideras.
En medio de esta inopia espiritual, ¿cómo pretendemos
respetarnos a nosotros mismos? ¿Cómo ansiamos recuperar valores si hemos echado
por la borda Sus mandamientos y pisoteado el sacrificio que nos fue heredado
por pasión?
Es hora de liberarnos de la maldad para alcanzar aquello
que nuestros ancestros ya anhelaban. Urge rescatar nuestra dignidad, comenzando
por el amor propio y el respeto mutuo. Solo así seremos capaces de ofrecer una
luz que renazca entre las tinieblas.
Seamos cada uno la luz del mundo, para iluminar, por fin, a
toda la humanidad.
RENACER.
(Romance)
Cada vez que nace el día
es un reto del Creador,
para tallar con esfuerzo
una huella de valor.
Pero el hombre se ha olvidado
de vivir bajo su honor,
persiguiendo lo que es vano,
lo que causa más dolor.
¿Hasta cuándo los oídos
cerraremos a Su voz?
Si por amor fuimos hechos,
somos hijos del Señor.
No busquéis en la rapiña
ni en la guerra ni el rencor,
que la paz es darse al otro
en un abrazo de unión.
Que renazca entre las sombras
una luz con gran fulgor,
y que el mundo sea testigo
de este nuevo despertar.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
@copyright.
02 /01/2025.
Imagen de Google.

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