(Sátira)
Con su sonrisa de ocasión, tan falsa
como un billete,
llegó la buena amiga, ¡qué gran
rillette!
Juró lealtad eterna, un pacto
inquebrantable,
mientras miraba el brillo de mi pobre
y vil cable.
¡Oh, mi alma gemela! ¡Qué luz tienes
tú! —decía,
mientras vaciaba mi nevera y mi
alegría.
Pedía "un empujón",
"un mínimo favor",
y al final te dejaba sin casa y sin
honor.
Cual sanguijuela astuta, de finos
modales,
se prendía a mi fortuna, mis bienes y
mis males.
"Te ayudo a organizar" (si
hay algo que llevarse).
"Te escucho con amor" (si
luego puede chismearse).
Maestra en el despiste, experta en
el ardid,
te hablaba de la luna y te robaba el
bid.
"Qué pena tu problema" (con
un ojo en tu reloj),
mientras ponía la cara de un pálido
boj.
Y cuando ya no había más jugo que
exprimir,
ni un último mendrugo del que poder
vivir,
se daba media vuelta con su gesto
altanero,
dejando el agujero y el corazón de
cero.
¡Qué ingrata es la vida —gritaba a
los cuatro vientos—
¡Qué mala la fortuna, qué negros sus
cimientos!
Pero en verdad pensaba: ¡Qué tonta,
la incauta!,
que no entendió mi juego, ¡la pobre y
vieja pauta!
Que ría, que se jacte de su artero
proceder,
que su fortuna edifique sobre mi
padecer.
Al final, su espejo le dirá la verdad
pura:
que la única que pierde es su propia
basura.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata
Imagen de Google.

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