Hoy la mesa está servida, pero hay un espacio que se impone
a los demás. No hay plato, ni copa, ni servilleta, pero ese vacío pesa más que
todo el banquete.
Nos enseñaron que la Navidad es presencia, pero nadie nos
explicó que también es memoria.
Esa silla vacía no está realmente sola; está llena de las
anécdotas que ya no escuchamos, de las risas que quedaron suspendidas en el
tiempo y de los consejos que hoy resuenan como ecos en las paredes de la casa.
El impacto no es el hueco en la madera, es el hueco en el
pecho. Sin embargo, hoy entendemos que si duele tanto es porque hubo mucho
amor.
Ese vacío es el
tributo más grande a quien estuvo y dejó una huella que el tiempo no ha podido
borrar.
Brindemos hoy, sí. Pero brindemos con la mirada puesta en
ese espacio invisible. Porque mientras alguien los recuerde, esa silla jamás
estará del todo vacía.
"Porque en este siglo de prisas y usura, el acto más
revolucionario es seguir amando a quienes ya no podemos tocar."
¡FELIZ NAVIDAD!
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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