Dicen que escribir es un camino solitario, pero quien
escribe con el corazón jamás está solo; habita en cada persona que se reconoce
en sus versos. No se escribe por la vana espera de una recompensa, sino por la
urgencia de no dejar que el sentimiento se desvanezca en el silencio.
Transcribir lo que sentimos es darle forma al aire, es
convertir el dolor en bálsamo y la soledad en un punto de encuentro. Mientras
el mundo corre tras lo tangible, el escritor se detiene a rescatar lo
invisible: la nostalgia de un Año Nuevo en silencio, la fe de un amor que se
encuentra o el alivio de una palabra que llega a tiempo.
No es solo "amor al arte". Es amor a la vida.
Porque vivir sin expresar lo que somos es como tener un tesoro bajo llave en un
barco que se hunde. Al escribir, abrimos el cofre y lo compartimos, sabiendo
que una frase nuestra puede ser el refugio de alguien a quien nunca
conoceremos, pero con quien ya estamos unidos para siempre.
El papel no solo recibe tinta; recibe esperanza. Y esa, sin
duda, es la mayor fortuna que un ser humano puede acumular.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
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