El Legado de Olga con ese
compromiso profundo por un mundo más humano.
La partida de la gran artista,
intérprete y poeta española, Olga González Ferreiro nos deja frente a un espejo
que no miente: la brevedad del suspiro humano. Nos detenemos y nos preguntamos,
con el corazón apretado: ¿para qué tanto afán por lo tangible? Corremos tras
una ambición que no tiene manos para sostenernos al final, y alimentamos una
soberbia que solo construye muros donde debería haber abrazos.
Miramos el mundo y vemos guerras
inútiles donde las víctimas son siempre los más puros. Les estamos enseñando el
lenguaje del odio, cuando nuestra única misión debería ser heredarles el
derecho a la paz.
Hoy, la memoria nos dicta una
lección diferente.
La Paz como Victoria.
Hemos aprendido que la verdadera
victoria no es la que se logra con el grito o el puño, sino la "victoria
silenciosa" de quien elige perdonar y sanar. La paz es esa cabaña segura
donde el alma descansa después de haber vencido la soberbia.
Lo que permanece.
Las posesiones son monedas
falsas; solo el amor tiene valor eterno. La riqueza real es el eco de una voz
que nos recuerda:
"Ánimo amiga, seguimos
siendo las reinas".
Es una corona que no se compra con oro, sino
con la dignidad de quien camina sin hacer daño.
Nuestra Promesa.
Si la vida es un suspiro, que sea
un suspiro de alivio para otros. Enseñemos a los niños que ser grande no es
acumular, sino tener las manos lo suficientemente vacías de ego para poder
estrechar la mano del prójimo.
Al final, no nos llevamos nada
material, pero dejamos todo lo que sembramos. Que nuestra herencia sea un mundo
donde la paz no sea un sueño lejano, sino la casa donde todos puedan habitar.
Autora: Ma. Gloria
Carreón Zapata.
@copyright.

No hay comentarios:
Publicar un comentario