Crónica de una Dinastía de humo.
Dicen que la sangre no es agua,
pero en este caso, parece que se ha evaporado hasta dejar solo un rastro de
fango. Nuestro protagonista camina por las redes sociales con el pecho inflado,
sosteniendo un apellido que le queda como un traje de tres tallas más grande.
Es un "artista del vacío", un
virtuoso, pero no de la música ni del ingenio de su padre, sino de los
bolsillos ajenos.
El Arte de "Continuar la
Dinastía"
Para él, "continuar la
dinastía" no significa heredar el don de gentes o la disciplina del
ensayo, sino heredar la audiencia para tener a quién pasarle la factura de sus
vicios.
Mientras el padre hacía reír a las multitudes,
el hijo hace llorar a los presupuestos. Es una evolución fascinante: del
escenario al banquillo, de los aplausos a las denuncias por estafa.
Su mejor actuación: Hacerse el
amigo del alma mientras calcula el valor de tu confianza en moneda local.
Su instrumento favorito: La
cuenta bancaria de los demás (especialmente la de grupos musicales que sí
trabajan).
Su escenario: Los filtros de
Instagram, donde el brillo tapa la falta de vergüenza.
Un Legado para las Pequeñas.
Lo más irónico es su discurso
sobre el "orgullo familiar". Habla de sus hijas como si les estuviera
construyendo un castillo, sin darse cuenta de que los cimientos son de arena
movediza.
Cuando ellas busquen el nombre de su abuelo,
encontrarán arte; pero cuando busquen el de su padre, encontrarán un manual de
cómo perder la dignidad en diez cómodas cuotas.
"Hay quienes nacen en cuna
de oro y deciden convertirla en chatarra para pagar la siguiente mala
decisión."
Autora : Ma. Gloria Carreón
Zapata.
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Imagen de Google.

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