Muchos padres caen en la trampa de creer que la felicidad
es un destino al que se llega acumulando ceros en la cuenta bancaria,
adquiriendo el último modelo de coche o persiguiendo una autorrealización que
no admite "cargas" familiares.
Corren tras una meta
que siempre se mueve de lugar, sin darse cuenta de que, en esa carrera, están
dejando atrás el único tesoro que no se puede recuperar: el tiempo y la
conexión con sus hijos.
1. El Costo de lo Material
A veces, la excusa es "les doy todo lo que yo no tuve".
Sin embargo, un niño no recuerda el precio del juguete, sino quién se sentó en
el suelo a jugar con él.
Las cosas materiales ofrecen placer, no felicidad. El
placer es efímero; la felicidad que proviene del vínculo familiar es
estructural.
Sustituir presencia por regalos crea un vacío emocional que
ninguna marca de lujo puede llenar.
2. La Falsa Libertad.
Otros abandonan la responsabilidad buscando una
"felicidad" entendida como falta de compromiso o una eterna juventud.
Ignoran que la libertad sin propósito suele terminar en soledad. La verdadera
plenitud no se encuentra en la ausencia de responsabilidades, sino en el
significado de nuestras acciones. No hay mayor propósito que guiar una vida que
apenas comienza.
3. El Valor de lo Invisible.
Lo que realmente sostiene a un ser humano no es lo que
posee, sino a quién pertenece.
La mirada de un hijo: Es el espejo más honesto que un padre
puede tener.
El legado emocional: Al final de la vida, nadie desea haber
pasado más horas en la oficina o haber tenido un objeto más caro; todos anhelan
un abrazo más de quienes aman.
"La felicidad no es una casa más grande, es una mesa
llena donde nadie falta."
Reflexión Final.
Abandonar a un hijo por perseguir lo material es como
quemar un jardín para comprar flores de plástico: se obtiene algo vistoso por
un momento, pero se pierde la vida y el aroma de lo que era real. Los hijos no
son un obstáculo para la felicidad; son la forma más pura de la misma. El amor
de la familia es el único refugio que permanece cuando todo lo demás, el
dinero, el estatus y la belleza, se desvanece.
Autora : Ma. Gloria Carreón Zapata.
Imagen Google.

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